PRIMULA MINIMA

 

Una visión sobre La Pesca del Salmón en Yemen por @CarlesMontana

‘La Pesca del Salmón en el Yemen’ es una ‘Primula Minima’ http://en.wikipedia.org/wiki/Turracher_H%C3%B6he_Pass , una flor que crece en los Alpes austríacos en la región Salzkammergut. Se trata de una especie de color lila pálido, conocida también como ‘Rosita de la Nieve’. Sin embargo, su belleza es fugaz. Tan pronto como brota, florece, eclosiona y muere. A la mosca del pescado le pasa lo mismo, su vida resulta breve y nada intensa.  

Puedo decir que tras leer ´La Pesca del Salmón en el Yemen’ de Paul Torday me he pasado a la carne. Algunos escritores anglosajones son irónicos y sarcásticos, escriben novelas con algún que otro taco, aunque Paul Torday no es uno de ellos. Suelen tener garra, suelen ser unos auténticos genios de las tramas, tienen vueltas de tuerca imprevistas y saben captar la atención del lector. Pero en esta ocasión, debo decir que este pescado me ha sentado mal.

Torday ha escrito un libro ñoño, formalmente perfecto, que si bien atrapa en alguna de sus páginas, languidece a cada palabra. Es como cuando estás triste y te pones un video motivacional en youtube de un chaval koreano que supuestamente ha pasado toda la vida en la calle y luego llega a un programa de talentos musicales y canta como Farinelli y lloras de la emoción.

He echado de menos frases contundentes de puro orgullo británico, que sí encontramos en In the Loop del tipo: “Necesito un rabo de repuesto, rápido. Soy el mejor, si nadie me la chupa inmediatamente me va a estallar la polla de satisfacción”. Pero no, a través de las 317 páginas de la edición en lengua inglesa, Torday llega a narrar un sueño erótico que sus personajes definen como “casi real” y luego el personaje principal, Alfred Jones, explica su vida así: “navego por aguas desconocidas y mi antigua existencia queda en una orilla distante”.

Sin embargo, Torday consigue algo extraordinario. El intercambio de correos electrónicos supone un logro. Y las descripciones que hace de las sesiones de control en Westminster están muy bien recreadas.

El director de comunicación, Peter Maxwell, me parece uno de los personajes más conseguidos de toda la novela. Sus ideas son ridículas. El problema radica en que él mismo considera que resultan absolutamente geniales. El capítulo sobre el programa de televisión para vender el concepto de democracia y para potenciar al primer ministro es genial. Y cuando lo vende ante sus jefes resulta aún mejor. Otro buen momento lo constituye cuando Maxwell atribuye la idea del proyecto que configura la misma espina dorsal del libro y que, en su mente, sólo tiene que servir para una buena foto. Estas pinceladas definen perfectamente la pantomima esquizofrénica y el esfuerzo desesperado en la que muchas veces convivimos los políticos, los asesores de comunicación y los medios.  Como reflexiona uno de los personajes de Torday: Credo, quia impossibile est. Me lo creo, porque resulta imposible.    

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